Dormir bien requiere mucho más que acostarse temprano: depende de una serie de hábitos que preparan al cuerpo y la mente para el descanso. Especialistas advierten que el estrés, las pantallas y las rutinas irregulares son algunos de los principales factores que afectan la calidad del sueño.
Entre las recomendaciones principales se destacan mantener horarios estables, reducir la estimulación antes de acostarse y evitar el uso de dispositivos electrónicos en la noche. También es clave limitar el consumo de cafeína y generar un ambiente adecuado para dormir.
El descanso cumple funciones esenciales en la memoria, la regulación emocional y la recuperación física. Por eso, pequeños cambios en la rutina diaria pueden mejorar significativamente la calidad del sueño y la salud general.







