La conservación de los alimentos depende de factores como la temperatura, la humedad y el grado de maduración. Especialistas advierten que no todo debe ir a la heladera, ya que algunos productos pierden sabor o textura con el frío. La clave está en adaptar el almacenamiento a cada caso.
Entre los alimentos que no conviene refrigerar están el pan, el aceite de oliva, el café y el chocolate. También tomates, cebollas, ajo y miel, que pueden deteriorarse o perder propiedades en ambientes húmedos. En estos casos, es mejor conservarlos a temperatura ambiente.
Por otro lado, frutas, verduras de hoja, lácteos y alimentos abiertos sí requieren frío. La refrigeración ayuda a frenar el crecimiento bacteriano y prolonga su vida útil. Una buena organización permite mantener mejor la calidad.







