Especialistas explican que muchas personas tienden a reproducir en la crianza de sus hijos conductas que vivieron en su propia infancia. Estos patrones se internalizan desde edades tempranas y suelen aparecer de forma inconsciente en la vida adulta. La transmisión intergeneracional influye en hábitos, vínculos y formas de educar.
Según los expertos, identificar estos comportamientos es el primer paso para poder modificarlos. La reflexión sobre la propia historia permite construir nuevas herramientas de crianza. En ese sentido, remarcan la importancia de la educación emocional.
Además, sostienen que romper con estos esquemas no es sencillo, pero sí posible. Requiere tiempo, acompañamiento y decisión consciente. El objetivo es generar entornos más saludables para las nuevas generaciones.







