Tras 12 años de vigencia, el impuesto que afectaba a vehículos de mayor valor deja de aplicarse y el sector automotor analiza el impacto en el mercado.
El Gobierno puso fin al llamado impuesto al lujo, una carga que durante más de una década encareció especialmente a los autos de gama media y alta. Con el paso del tiempo y la inflación acumulada, el tributo terminó alcanzando a modelos que originalmente no estaban pensados como vehículos exclusivos.
La eliminación del impuesto abre la posibilidad de una baja en determinados precios y de una mayor oferta de versiones que antes quedaban fuera del mercado por el salto impositivo. Las automotrices, además, podrían reconfigurar sus estrategias comerciales sin la distorsión que generaba el gravamen.
Sin embargo, el efecto concreto en los valores finales dependerá de otros factores clave, como el tipo de cambio, la presión tributaria general y los costos de producción e importación. Por eso, el sector mantiene cautela mientras se actualizan las nuevas listas de precios.








