Desde el Ministerio de Salud provincial hasta su paso por el Congreso de la Nación, Mendoza dejó una huella en la estructura del Partido Justicialista.
Sandra Mendoza construyó una carrera política de gran exposición y peso territorial. Su ascenso comenzó en la gestión provincial de Chaco, donde se desempeñó como ministra de Salud, un rol desde el cual impulsó programas de atención primaria en el interior profundo de la provincia. Su gestión estuvo marcada por una fuerte impronta social y una presencia constante en los barrios.
Posteriormente, dio el salto a la política nacional, ocupando una banca en la Cámara de Diputados de la Nación. En el Congreso, Mendoza se destacó por integrar comisiones estratégicas y por su defensa de las economías regionales. Su estilo, muchas veces disruptivo y auténtico, le otorgó una visibilidad que trascendió las fronteras de su provincia.
Pese a las polémicas que a veces rodearon su figura mediática, en el Chaco se la reconoce como una dirigente de «raza peronista» que nunca abandonó sus raíces. Su militancia comenzó en la juventud y se mantuvo activa hasta sus últimos años, siendo una fuente de consulta constante para las nuevas generaciones de dirigentes del NEA.







