A pesar de que los precios de la carne vacuna volvieron a aumentar en octubre, el consumo interno no mostró señales de recuperación. Por el contrario, se mantuvo en niveles históricamente bajos, algo que inquieta a productores, frigoríficos y analistas del mercado cárnico. El dato confirma una tendencia que se viene profundizando: los argentinos, tradicionalmente grandes consumidores de carne, compran cada vez menos.

Según informes sectoriales, los valores en góndola subieron de manera notable durante el mes, impulsados por incrementos en la hacienda en pie, mayores costos de alimentación y una recomposición de precios atrasados. Sin embargo, este ajuste no se trasladó a un mayor movimiento en el mostrador: las ventas se estancaron, especialmente en cortes de mayor valor. Para muchos hogares, la carne vacuna pasó a ser un producto que se compra con más cuidado y menor frecuencia.

Los carniceros y supermercados coinciden en la misma lectura: octubre mostró un consumidor selectivo, que reemplaza cortes tradicionales por opciones más económicas o directamente migra hacia pollo y cerdo para equilibrar el presupuesto. La brecha entre el precio de la carne vacuna y el resto de las proteínas se ensanchó, profundizando el desplazamiento.

En los mercados ganaderos, la situación también enciende luces amarillas. El incremento de precios en la hacienda respondió a una combinación de factores estacionales y de reacomodamiento productivo, pero sin el acompañamiento del consumo interno, los márgenes comerciales se tensan a lo largo de la cadena. Frigoríficos y matarifes advierten que, si la demanda sigue en retroceso, podría resentirse el nivel de faena y la actividad industrial.

El escenario es especialmente sensible porque llega en un momento donde se esperaba cierta recomposición del consumo tras meses de retracción. La carne vacuna, símbolo cultural y alimentario del país, enfrenta así un desafío inédito: competir contra alternativas más baratas en un contexto de fuertes restricciones económicas.

En el sector coinciden en que la recuperación dependerá de la recomposición del poder adquisitivo y de una mayor estabilidad en los precios. Por ahora, octubre dejó una señal clara: aunque la carne siga subiendo, el consumidor ya no acompaña ese ritmo. Y para una industria que depende casi por igual del mercado interno y del exportador, la tendencia preocupa.

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