La ganadería vacuna se posiciona nuevamente como uno de los pilares más sólidos de la economía argentina: desde Jujuy hasta Tierra del Fuego, el ganado vacuno ocupa un rol central como “negocio país” que se mantiene vigente y con posibilidades de expansión.
Desde hace décadas, la producción de carne fue clave para el desarrollo de muchas economías regionales y hoy está llamada a ocupar nuevamente ese lugar, a medida que las exportaciones crecen y los mercados externos demandan cortes premium.
Según los informes del sector, un acuerdo comercial reciente permitiría ampliar la cuota exportadora hacia los Estados Unidos, incrementando el volumen autorizado de 20 mil a 80 mil toneladas por año, lo que implicaría un aumento de los ingresos por divisas del orden del 20 % hasta alcanzar aproximadamente los 3.600 millones de dólares.
Este escenario coloca a la carne no solo como un producto más de la agroindustria, sino como un actor estratégico para la generación de riqueza regional y empleo en zonas dispersas del país.
El desafío, sin embargo, no es sólo exportar más. Involucra mejorar la productividad, la calidad de los cortes, la logística de trafico y refrigeración, así como asegurar que la cadena de valor se quede en mayor medida dentro del país. Además, los productores reclaman políticas que incentiven la inversión en genética, pasturas y tecnología aplicada, para que ese “negocio país” siga siendo competitivo frente al mercado internacional.
En definitiva, mientras otros sectores agrícolas enfrentan desafíos graves por clima, precios internacionales y costos crecientes, la ganadería vacuna aparece como una economía regional con base sólida y con potencial de crecimiento. Si se aprovecha bien, podría seguir siendo uno de los motores del desarrollo argentino.








