La minería argentina atraviesa un momento de gran proyección internacional, impulsada principalmente por el litio y el cobre, minerales clave para la transición energética mundial. Según datos de la Secretaría de Minería, en 2024 el sector exportó más de 4.000 millones de dólares, con un crecimiento interanual del 20%. El desafío para 2025 es consolidar ese avance mediante nuevas inversiones y una mayor integración en las cadenas de valor globales, en un contexto de creciente demanda internacional.

El litio se ha convertido en el eje central de esta expansión. Argentina, junto con Bolivia y Chile, forma parte del llamado “triángulo del litio”, que concentra más del 60% de las reservas mundiales del mineral. Actualmente, el país cuenta con tres proyectos en producción y más de 30 en distintas etapas de desarrollo. Proyecciones privadas estiman que hacia 2030 las exportaciones de litio podrían superar los 10.000 millones de dólares anuales, posicionando a Argentina como uno de los principales proveedores globales.

El cobre también emerge como un recurso estratégico. Con la transición hacia energías limpias y la electrificación del transporte, la demanda mundial de este mineral se disparará en las próximas décadas. Argentina posee yacimientos de gran envergadura en San Juan y Catamarca, que podrían convertir al país en un actor relevante en la oferta internacional. Sin embargo, el desarrollo de estos proyectos requiere inversiones superiores a los 20.000 millones de dólares y estabilidad macroeconómica para atraer capitales de largo plazo.

Más allá de estos minerales, la minería aurífera y argentífera sigue siendo significativa. Provincias como Santa Cruz y San Juan concentran la mayor parte de la producción de oro y plata, con aportes que superaron los 2.000 millones de dólares en exportaciones durante 2024. Estos recursos contribuyen al ingreso de divisas, aunque también generan tensiones sociales y ambientales, lo que obliga a un debate permanente sobre la regulación de la actividad y el uso de regalías.

La cuestión ambiental es uno de los grandes desafíos del sector. Organizaciones locales e internacionales alertan sobre los riesgos de la explotación intensiva, en especial en relación con el uso del agua en regiones áridas. Frente a ello, algunas compañías mineras comenzaron a implementar tecnologías de menor consumo hídrico y planes de remediación ambiental. El cumplimiento de estándares internacionales será cada vez más determinante para garantizar la aceptación social y la apertura de mercados.

La minería también tiene un impacto directo en las economías regionales. Según el Consejo Federal de Minería, la actividad genera más de 85.000 empleos directos e indirectos, con un efecto multiplicador en servicios, transporte y construcción. No obstante, especialistas destacan la necesidad de aumentar el valor agregado local, promoviendo el desarrollo de proveedores nacionales y el fortalecimiento de cadenas productivas asociadas a la actividad extractiva.

El futuro de la minería argentina dependerá de su capacidad para equilibrar el aprovechamiento de sus recursos naturales con la sostenibilidad ambiental y la estabilidad económica. Si logra articular políticas claras, consensos sociales y un marco regulatorio previsible, el país podría transformarse en uno de los principales jugadores en el suministro de minerales estratégicos para la transición energética global. De ese modo, la minería pasaría de ser un sector de oportunidades aisladas a un motor estructural de desarrollo.

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